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Kara, derecha, disfruta de un día de verano
con su hermana Krista.
Kara escribió el ensayo que se muestra a continuación sobre el cáncer de su hermana.

 

CENTRO ONCOLÓGICO
Kara y Krista
Kara, hermana de Krista a la que le diagnosticaron a los 7 años leucemia mieloide aguda

Nota del editor: Kara es una galardonada escritora de ensayos que vive en Houston. A petición de su profesora, Kara hizo uso de una de sus tareas escolares para describir qué se siente al tener una hermana con cáncer. 

Además de compartir sus sentimientos en el ensayo, Kara aconsejó a otros niños con hermanos o hermanas enfermas que "sean unos luchadores, que no renuncien a la esperanza y que intenten entender por lo que ella está pasando". SuAnn, la madre de Kara y de Krista, explica que "el resto de sus hijos también necesitan atención, y creo que los padres tienden a olvidarse de esto cuando uno de sus hijos está tan enfermo. En especial, los hermanos mayores necesitan tiempo para expresar todos sus sentimientos".

Mi hermana
escrito por Kara

Los demás no lo entienden. Prácticamente nadie ha oído hablar de una enfermedad mortal llamada leucemia, un cáncer de la sangre que afecta a los niños. A menos que hayas conocido a alguien con leucemia.

Yo sí conozco a alguien, y ese alguien es mi hermana. Mi hermana mayor era una niña muy dulce de tan solo 7 años cuando se enfermó de leucemia en noviembre de 1994. Al día de hoy, todavía lucha contra sus efectos. Ahora tiene 14 años.

La leucemia es como una vía de tren: continúa, continúa y continúa. Después de sufrir una recaída en noviembre de 1999, tuvieron que hacerle un trasplante de médula ósea porque la leucemia había vuelto a aparecer. Durante los días del trasplante de médula ósea odiaba que mi madre siempre le prestara más atención a mi hermana y odiaba también que no se encontrara un donante compatible para realizarle el trasplante de médula ósea.

Mientras crecía, lo único que yo entendía era que mi hermana estaba realmente enferma y que necesitaba tomar medicamentos para ponerse mejor. No podían venir amigos a casa porque si estaban un poco enfermos podían hacer que ella se pusiese mucho peor. Ahora que ya soy más grande, comprendo que cada vez que ingresa en el hospital podría morir, especialmente durante la época cuando le realizaron el trasplante de médula ósea.

Entrar en su habitación y verla tan indefensa me daba bastante miedo. Siempre intentaba comprarle algo especial con mi dinero. Lo primero que le compré fue un brazalete de cuentas de vidrio. El blanco significaba fuerza, y yo sabía que ella necesitaría fuerzas para luchar en la batalla que se estaba librando dentro de su cuerpo.

Otra de las veces que fui al centro comercial a comprarle algo a mi hermana fuimos a la tienda Gifts Galore. Vi un hermoso gato de Ty® blanco como la nieve, que llevaba un lazo rosa. Me enamoré de él. Tenía que comprar uno, ¿o debería decir dos? (sí, yo me compre uno para mí también). Esa noche, cuando fuimos a visitarla al hospital, le llevé su gato. Cuando se lo di, me dedicó una sonrisa en la que se podía leer "es muy bonito y me encanta". Desde que le regalé el gato lo lleva consigo a cada control médico, y yo duermo con el mío cada noche.

Esto ha hecho que mi hermana y yo estemos más unidas. Hasta ahora no habíamos sabido valorarnos la una a la otra. Nos ha enseñado a ambas lo valiosa que es la vida y cuán rápido nos puede ser arrebatada. Físicamente, yo no he pasado lo mismo que mi hermana, pero ha sido muy estresante ser la hermana de alguien que está tan enferma. Puede que ahora los demás entiendan lo difícil que ha sido para mí.

Mi hermana pensaba que podría regresar a la escuela en agosto del 2000. Cuando se acercaba el momento de regresar a la escuela, su médico le dijo que su sistema inmunológico aún no era lo suficientemente fuerte como para que pudiese estar rodeada de muchas personas.

Ambas nos sentimos disgustadas y una vez más pensé que ella era la que tenía más suerte. Podía quedarse en casa, dormir hasta tarde y, aun mejor, tener su propio profesor que vendría a darle clases a casa. Entonces, al levantarme temprano por las mañanas, tenía que soportar que mi madre me dijese "No hagas tanto ruido, por favor. Tu hermana está durmiendo". En el fondo, yo quería que se despertase. Echaba de menos hacer cosas juntas y hablar con ella por las mañanas.

Mi hermana no pudo salir para comer durante 100 días después del trasplante de médula ósea. Ahora incluso la comida giraba en torno a mi hermana. Yo echaba de menos poder salir a comer a restaurantes de comida rápida y sé que mi hermana también. ¡Yo iba a la escuela y comía LO QUE ME DIESEN! Mientras tanto, mi hermana podía comer lo que se le antojase siempre que tuviese hambre. Muchas veces, estaba en clase y me entraba un hambre canina y mi estómago comenzaba a rugir. Estaba lista para comer, pero tenía que esperar a que sonase la estúpida campana.

Finalmente, podía volver a casa y encontraba a mi hermana de nuevo dormida. Un día le pregunté a mi madre "¿Es eso lo único que hace?" Mi hermana se despertó al oír mis quejidos. Me dijo que gustosamente se intercambiaría conmigo. En un principio dije "¡PERFECTO!" Entonces mi hermana me contó que tendría que ir a recibir las inyecciones, dejar que me sacasen sangre y someterme al resto de las punciones lumbares y controles médicos de médula ósea. Le dije que ya podía parar de decir cosas. Fue suficiente para que yo cambiase de idea acerca de dónde prefería estar.

Por supuesto, odio las inyecciones y una vez vi cómo le realizaban una punción lumbar en la sala de emergencias. No fue fácil mirar mientras se la realizaban y estoy segura de que no es nada divertido que te lo hagan a ti. No estaba intentando ser egoísta, solo quería que las cosas volviesen a la NORMALIDAD.

Lentamente, y repito, lentamente, lo estamos consiguiendo. El médico le dijo a mi hermana que le darían información acerca de su donante un año después del trasplante. Ahora ha pasado ya algo más de un año. Mi hermana descubrió que su donante había sido una mujer llamada Melissa de Denver, Colo. Tiene un hijo de la misma edad que mi hermana. Mi madre habló con ella por teléfono y Melissa le escribe a mi hermana a través de Internet. Melissa nos ha invitado a toda la familia a que vayamos a visitarla. Me encantaría ir porque nunca he visto la nieve. Puede que esto ocurra. O al menos eso espero.

Fui a la clínica con mi hermana durante mis vacaciones de navidad. Estuve con ella mientras le sacaban sangre. Tubo tras tubo; lo suficiente como para hacer que cualquiera sienta náuseas. No creo que fuese capaz de hacerlo cada tres semanas. Más tarde, el médico entró para examinar a mi hermana. Durante la visita, le preguntó si podría volver a la escuela en enero del 2001.

El Dr. Krance le dijo: "Creo que sí puedes, pero tendrás que tomártelo con calma". Nos miramos la una a la otra con una sonrisa enorme. Ambas estábamos muy emocionadas. Sí, ya estamos más cerca de la NORMALIDAD.

Me preocupo por mi hermana incluso en la escuela. Cuando la miro parece estar realmente cansada. Pero ella quería lo mismo que yo, que todo volviese a la NORMALIDAD. Todavía me preocupo cuando falta a la escuela para ir a que le hagan un control médico. Pero sé que mamá me llamará si hay algún problema.
Lo mejor de todo es que su nueva médula ósea funciona, por lo que se podría decir que el trasplante ha recargado las baterías de su vida. Mi hermana a regresado a la escuela y mi familia está unida de nuevo.

Recientemente, a mi hermana comenzó a fallarle la vista. Sé que tiene miedo de sufrir una recaída. Por eso no dijo nada acerca de ello en un principio. La letra de los libros de texto era tan pequeña que alguien tenía que leerle sus tareas de la escuela.

La vida simplemente no es demasiado justa. Ella no ha hecho nada malo, y durante la mitad de su vida ha estado luchando para sobrevivir. Mi hermana es una luchadora, no abandona, y yo he aprendido de ella mucho sobre la vida.

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