Texas Children's Hospital
 
   

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CENTRO ONCOLÓGICO
Kelli
le diagnosticaron a los 10 meses
neuroblastoma

Una jugada perfecta: Sobreviviente preadolescente vence al cáncer

Cuando Kelli tenía 2 1/2, médicos del Texas Children's Cancer Center descubrieron que tenía cáncer. Ahora, disfruta de un estilo de vida activo.

Si bien muchos adultos anhelan superar los 100 puntos en bowling, Kelli promedia los 115. Además le gusta leer, nadar, andar en bicicleta, hacer patinaje en línea y del más reciente pasatiempo de su familia, escalada en roca. El dinamo de esta área de Houston muestra pocas pistas de que alguna vez fue diagnosticada con cáncer.

La exitosa historia de Kelli comenzó cuando Kelli era una niña pequeña y una fiebre alta garantizó una visita al pediatra. Esperando que su hija tuviera un virus, mamá Lou Ann quedó pasmada por una sospecha más grave.

"Recuerdo al médico encontrándose con un bulto del tamaño de una arveja -- que había sido catalogado una hernia hace varios meses -- y diciendo: 'Esto no se ve nada bien'".

La familia recurrió al Texas Children's Hospital en busca de respuestas. Un ultrasonido ayudó a los médicos a determinar que Kelli tenía un neuroblastoma, un tumor sólido, detrás del estómago.

Sabiendo que su hija de 2-1/2 años hace poco había comenzado sus lecciones de gimnasia y bowling, para los padres de Kelli el cáncer era prácticamente incomprensible.

"Ambos estábamos devastados", dice Scott, el papá de Kelli. "Justo un par de años antes habíamos perdido un hijo por el síndrome de muerte súbita infantil. Ahora pensábamos '¿Cómo nos podía estar pasando esto otra vez?'".

Lou Ann asiente. "Si tuviera que hacerlo otra vez, probablemente haría más preguntas", decía. "Pero en aquel momento, estábamos demasiado asustados y aturdidos. Todo el personal del Texas Children's siempre fue maravilloso. Nos trataron con tanta amabilidad que era simplemente increíble".

La cirugía estuvo seguida por un régimen de quimioterapia de seis meses. Aunque Lou Ann recuerda que en aquel momento Kelli estaba preocupada porque perdería el cabello, Kelli no recuerda su enfermedad. En retrospectiva, la familia valora los momentos tranquilos compartidos durante su terrible experiencia.

"Cuando le volvió a crecer el cabello a Kelli, me dijo 'No te preocupes, papi. Si mi cabello puede volver a crecer, el tuyo también puede'", dice Scott. "Le gusta ver las fotos que le sacamos corriendo por los pasillos del hospital, estando parada con el poste de IV y jugando en uno de los autos de juguete".

Un año después del diagnóstico, Kelli fue sometida a pruebas trimestrales en busca de reincidencia. Al año siguiente, visitó dos veces el Texas Children's Cancer Center para hacerse pruebas. Aunque Kelli tiene el visto bueno, sigue haciéndose controles médicos anuales como parte de su rutina de atención médica.

"Todas las veces intento prepararla para las visitas al centro oncológico", dice Lou Ann. "Ella se preocupa mucho por los demás pacientes. Si ve un niño que no conoce, se acerca y se presenta".

Lou Ann admite que la experiencia cambió la forma en que su familia ve la vida.

"Nuestro punto de vista es diferente", dice. "Ahora pensamos en un día a la vez, no en cinco años a partir del hoy. Cualquiera puede tener cáncer".

Durante el transcurso de su trabajo, el padre de Kelli visita el hospital más seguido. Se desempeña como supervisor de los servicios de construcción para Ulrich Engineers, la compañía de ingeniería geotécnica responsable del diseño de los cimientos del edificio de la clínica ampliada del Texas Children's.

"Cuando miro esos edificios, tengo buenos recuerdos", dice Scott, que a menudo regala gorras de béisbol y cascos a los pacientes. "Era una época terriblemente espantosa pero sentimos que el personal del Texas Children's Cancer Center era como nuestra familia. Es una de las razones por las que siempre que me encuentro con uno de ellos -- sin importar dónde esté -- se merecen un abrazo".

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