Texas Children's Hospital
 
   

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CENTRO ONCOLÓGICO
Leah Van Beveren
Le diagnosticaron a las 8 semanas de vida
Retinoblastoma

"Sabía que algo estaba mal en el momento que ella nació", dijo Angela Van Beveren, la madre de Leah. "Había algo raro con sus ojos". En la revisión pediátrica de dos semanas de Leah, su pediatra le aseguró que lo más probable era que se tratara de un desarrollo inmaduro de los ojos. Angela y su esposo, Billy, siguieron viviendo sus vidas como siempre con Leah y sus otros dos hijos, Alli, de 4, y Noah, de 3.

Un par de semanas más tarde, aún preocupada por lo que parecía un "ojo perezoso", Angela notó que bajo cierta iluminación, el ojo izquierdo de Leah brillaba. Más tarde, comenzó a ver un bulto blanco en la pupila de su ojo. Sacó fotos a Leah y notó que en vez del típico ojo rojo, su pupila izquierda era blanca; algo que ahora ella sabe es un indicador clave de retinoblastoma. Ella y su marido llevaron a Leah al médico y fueron derivados a un oftalmólogo. El 13 de octubre de 2003 un ultrasonido descubrió una masa en el ojo izquierdo de Leah. Al día siguiente, a Leah se le hizo una resonancia magnética, lo cual confirmó que tenía un tumor en el ojo. El 15 de octubre, después de la TAC, se les dijo a los Van Beveren que Leah tenía retinoblastoma, un tumor poco común en el ojo, que por lo general afecta a los niños menores de 3 años. Entonces Leah fue enviada al Texas Children's Hospital. Después de exhaustivas pruebas, se determinó que el tumor abarcaba dos tercios de su ojo izquierdo. Leah tenía ocho semanas de vida.

"Me sentía como una zombi cuando nos dijeron que Leah tenía cáncer", dijo Angela. "Ni en un millón de años te imaginas que tu hijo tiene cáncer. Esperas que sea un sueño y que cuando despiertes, desaparecerá".

Los médicos y los Van Beveren optaron por tratar de salvarle el ojo a Leah mediante quimioterapia y tratamientos con láser. Ella respondió bien, y el 5 de abril de 2004, la familia festejó su último tratamiento de quimioterapia. Sin embargo, durante el verano aparecieron más tumores y otros se activaron una vez más, y para fines de agosto, los Van Beveren tuvieron que tomar la decisión de extirpar su ojo izquierdo o seguir combatiendo el cáncer. Si el cáncer se extiende más allá del ojo, la tasa de supervivencia disminuye considerablemente. La elección fue difícil pero sencilla al mismo tiempo. El 22 de septiembre, le extirparon el ojo izquierdo a Leah. "Fue un día sumamente triste, pero es recordado con alegría porque cuando el ojo fue extirpado, el cáncer también lo fue", dijo Angela.

"El personal del Texas Children's Hospital Cancer Center ayudó a explicarles a nuestros dos hijos mayores lo que estaba sucediendo con Leah. Todos trataron a mis tres hijos de manera especial incluyendo a los hermanos de Leah en actividades divertidas y en los eventos especiales. El hospital fue y aún es un lugar que los niños esperan con ansias visitar. Es un lugar feliz".

Cuando le extirparon el ojo a Leah, los médicos lo reemplazaron con un implante que conectaron a los músculos del ojo y luego unieron a su propio tejido. Luego en noviembre de 2004, Leah recibió su primera prótesis pintada a la medida. Es similar a una lente de contacto y se mueve junto con su ojo sano. "Es asombroso; no se nota que no es su verdadero ojo", dice Angela. "Lo llamamos su 'ojo héroe' porque le salvó la vida". Leah parece no saber nada como cualquier otro niño de su edad. A pesar de una larga y complicada historia clínica, es una niña feliz y fuerte que disfruta de su niñez.

Leah oficialmente ya no tiene cáncer. Sigue siendo controlada para garantizar que sigue igual y, todos los 22 de septiembre, la familia de Leah festeja la fecha en que su ojo fue extirpado como una victoria sobre su enfermedad. Dice Angela: "Elegimos pensar en ese día como un día de celebración porque es el día en que Leah dejó de tener cáncer".

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