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UNIDAD DE CUIDADOS INTENSIVOS PEDIÁTRICOS
A los 8 años se le diagnosticó meningitis meningocócica fulminante
Cada septiembre, a medida que las noches llenas de vapor comienzan a enfriarse y la aventura de un nuevo año escolar empieza, Wendy y Jody no pueden evitar tener recuerdos tanto dolorosos como triunfantes. Es difícil no recordar aquel septiembre cuando su pequeña hija, Leslie, peleó la batalla de su vida por sobrevivir a una enfermedad muy grave.
"Jamás en mi vida imaginé que estaría conduciendo a toda velocidad hacia el Texas Medical Center a las 3:30 a.m. siguiendo a un helicóptero que llevaba a mi hija a punto de morir", dice Wendy, recordando la fatídica mañana en que su hija de 8 años fue diagnosticada con meningitis meningocócica fulminante. "Aparte de un resfrío común, Leslie no había estado nunca enferma".
Leslie ingresó a la Unidad de Cuidados Intensivos Pediátricos (PICU por sus siglas en inglés) del Texas Children's donde se la consideró elegible para un estudio experimental con drogas. El equipo médico altamente capacitado sabía que su joven paciente estaba luchando por su vida contra una enfermedad bacteriana que causa inflamación de los tejidos que cubren el cerebro y la médula espinal.
"Los médicos dijeron que si Leslie sobrevivía podía perder ambas manos y pies", dice Wendy. "Nosotros sólo queríamos que ella viva; podríamos arreglarnos con las prótesis. Nos explicaron todo en gran detalle y nos dijeron que podíamos estar con ella en todo momento".
Sin demoras, el tratamiento agresivo de Leslie comenzó. La colocaron en un respirador artificial y en una máquina de diálisis continua y la conectaron a cuatro líneas de alimentación intravenosa.
"Todos fueron muy proactivos, siempre anticipándose al siguiente paso", recuerda Wendy. "Estuvo muy bien atendida por dos enfermeras durante todo el día".
La pareja se sintió incluida en el equipo desde el principio.
"Lo que hace que el Texas Children's se destaque es su capacidad para cuidar de los padres, al igual que de los hijos", explica Jody.
"Los médicos hicieron un trabajo increíble y fueron amables, no elusivos", agrega Wendy. "Fue muy fácil hablar con las personas de todos los servicios y no les molestó que estemos mirando sobre sus hombros".
Luego de un mes en la PICU, Leslie fue trasladada a la Unidad de Cuidados Progresivos (PCU, por sus siglas en inglés), donde el camino a la recuperación se hizo más corto aún. A menudo a la PCU se la denomina unidad "vaivén" porque sirve de puente entre la PICU y el hospital común. A las dos semanas, Leslie fue trasladada a un piso común, donde pasó dos semanas más antes de irse a casa. Después, visitaba el Texas Children's tres veces por semana para recibir los tratamientos de diálisis hasta diciembre, cuando los médicos determinaron que sus riñones estaban funcionando nuevamente.
Sin embargo, el proceso de recuperación estaba lejos de terminar. Leslie estaba demasiado exhausta como para volver a realizar las actividades que disfrutaba antes de la enfermedad. Una niña que antes disfrutaba de bailar ballet y jazz ahora luchaba por sostener un lápiz.
"Su cuerpo estaba débil, pero su mente estaba bien", dice Wendy. "Gracias a un programa domiciliario especial coordinado por nuestro distrito escolar y el Texas Children's, Leslie pudo pasar a cuarto grado con sus amigos. Aunque ella no pudo estar en la escuela durante la mayor parte del tercer grado, sí pudo mantener sus clases de nivel elevado en inglés y matemáticas".
Hoy, luego de la fisioterapia, Leslie está sana y disfruta de andar en bicicleta, patinar en línea, nadar y bailar. Empezó a tomar clases de equitación al estilo inglés y de patinaje sobre hielo.
"Aparte de unas pocas cicatrices causadas por la erupción, ella está recuperada en un 100 por ciento", dice Wendy. "No perdió ningún miembro, sólo una pequeña porción de su pulgar. A pesar de que los pacientes en diálisis normalmente no crecen, ella ha crecido varias pulgadas. La enfermedad fue verdaderamente sólo un 'salto' en su vida".
 
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